20 Dec
Una visión distinta al vacío interior

Sentir un vacío interior, es ser ese vacío, es estar en ese profundo abismo conjuntamente con el silencio, que quema el interior, y lo convierte en algo inentendible, confuso. Definir este sentimiento, este estado de las cosas mentales que nos muestra una realidad distinta a la que existe a nuestro alrededor, es difícil pero no imposible. El hombre siempre ha utilizado signos, símbolos, moralejas, parábolas, etc., para ejemplificar estos momentos siempre asociados a la soledad, a la angustia o a la desesperanza, cada una de ellas puede estar asociada con las otras. Así mismo, éste vacío interior se le asocia a las carencias, basado esto a las grandes tendencias contemporáneas de la sociedad actual, a los spot publicitarios que inducen al consumo masivo de unos u otros productos, a las modas, al individualismo social, a la educación impartida en determinada área geográfica o familiar, o a los subproductos mentales aprendidos desde pequeños en el seno familiar. Para mi concepto y por propia experiencia, para salir de ese estado metal-emocional existen muchas soluciones, una de ellas es aprender y practicar el desapego. Nos han enseñado, nos han bombardeado con necesidades superfluas e innecesarias para vivir nuestra vida, nos han “creado” un mundo en donde “el que no tiene, no es nadie”, cuándo la verdad es que, al que no tiene, debe ser ayudado. Ese individualismo salvaje y perverso, ése egoísmo del “yo soy” ha guiado al mundo a su propia destrucción. Cuando una persona con sentimientos o estados de vacío interior cae en cuenta de que es una persona valiosa, en la ayuda de sí mismo y de los demás, y que ha entendido que el desapegarse de tanta “basura” mental es el camino hacia una nueva vida existencial, reirá y se alegrará de haber traspasado esa etapa con éxito. 

Luis del Valle Ruiz Ortega 20/12/2020

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